Las 3 Bes de la IA: Bueno, Bonito y Bien pagado.

Las 3 Bes de la IA: Bueno, Bonito y Bien pagado.

El otro día hablábamos con un colaborador habitual de la agencia, un arquitecto. Nos contaba que un cliente recurrente para el que llevaba tiempo trabajando en proyectos de distinta índole, le había comunicado recientemente que había una parte de sus servicios que ya no necesitaba porque –como nuestro propio colega le había comentado recientemente– eran trabajos que ahora hacía más rápidamente mediante aplicaciones de Inteligencia Artificial y, en ese caso, ya podía hacerlo él mismo. Unos días más tarde, el cliente volvió a contactarle para rectificar. Lo había intentado por su cuenta y no lo había conseguido. De modo que le encargó de nuevo los citados servicios, no sin antes pedirle una rebaja en la tarifa habitual alegando –de nuevo– que, al hacerlo con IA, se tardaba mucho menos. Naturalmente, el arquitecto se mantuvo firme en su tarifario habitual, aunque cuando nos lo contó, todos coincidimos en que la respuesta debería haber sido distinta. Lo realmente correcto debería haber sido decirle: “No. No voy a rebajar el precio porque lo haga con Inteligencia Artificial. Voy a aumentarlo porque yo sé hacerlo y tú no”.

La supuesta –y casi siempre tramposa– correlación entre el valor de un trabajo y el tiempo dedicado para llevarlo a cabo es un debate histórico. En nuestro sector y en muchísimos otros. Y uno de los efectos adversos, e incluso perversos, de la llegada de la Inteligencia Artificial, ha sido el de avivarlo profundamente. Sin embargo, la explicación sigue siendo la misma: no se trata de horas, se trata de valor.

Ciertamente, nuestro colega ahora podía hacer el mismo trabajo mucho más rápido. Pero podía hacerlo, en primer lugar, por su talento y, en segundo lugar, por una cantidad ingente de horas, no imputables de forma directa a ningún cliente, dedicadas a investigar las aplicaciones de IA, probarlas, equivocarse, crear prompts, volver a equivocarse, iterar, volver a investigar, volver a equivocarse y, finalmente, acertar. ¿Exactamente en base a qué, todo este trabajo debe repercutir en el margen de beneficio de su cliente y no en el suyo propio? Más aún cuando éste, además, le ha dicho que no es capaz de hacerlo.

En Anónima también utilizamos gran cantidad de herramientas de Inteligencia Artificial en nuestro día a día, pero no lo hacemos para hacer un trabajo más barato, tampoco más caro, sino mejor. Para ofrecerle más posibilidades a nuestros clientes. En definitiva, más valor. Y sí, en muchos casos esto nos ha llevado a poder hacer algunas cosas más rápido de lo que lo hacíamos antes. Pero el verdadero valor de nuestro trabajo no está en el tiempo –que también–, está en el resultado. Y, sobre todo, en el talento, las ganas y el tesón que nos llevan a aprender a hacer cosas que, lo hagamos mediante inteligencia artificial o inteligencia natural, repercuten directamente en el negocio de nuestros clientes, ofreciéndole nuevos puntos de vista y soluciones inéditas. O, como solemos decir, creatividad donde el negocio la necesita. Y es que la inteligencia puede ser artificial, pero la creatividad y el valor, no.

En ANÓNIMA defendemos la creatividad y el valor como activos irremplazables en la diferenciación de marcas.

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